Tech Summit 2026 con «Ellas deciden»
Este jueves 28 de mayo a las 14:30, participaré en un podcast en directo en TechSummit 2026 / AI Revolution con Gemma Cernuda, fundadora de la agencia Ellas Deciden. La…
Este jueves 28 de mayo a las 14:30, participaré en un podcast en directo en TechSummit 2026 / AI Revolution con Gemma Cernuda, fundadora de la agencia Ellas Deciden. La…
Escribo desde Bodø, Noruega, justo por encima del Círculo Polar Ártico. Aquí, en esta época del año, la noche casi desaparece. La luz permanece. Se alarga sobre el mar, sobre…
Hay momentos en los que la conversación pública se acelera más rápido de lo que somos capaces de comprenderla. Desde noviembre de 2022, cuando ChatGPT irrumpió en la vida cotidiana,…
La inteligencia artificial ya está tomando decisiones. La pregunta no es si decide mejor que nosotros, sino con qué criterio lo hace. Este post da continuidad a Ícaro y propone un reto incómodo: enfrentarte a la Máquina Moral, descubrir tus propios sesgos y redactar tu propia política ética para vehículos autónomos. Porque la verdadera innovación no es construir máquinas más inteligentes, sino formar humanos con mejor criterio.
La inteligencia artificial puede darnos alas, pero no criterio. A través del mito de Ícaro, este artículo reflexiona sobre los riesgos de confundir asistencia tecnológica con sustitución del juicio humano. En un mundo cada vez más complejo e inestable, innovar no consiste en volar más alto, sino en hacerlo con conciencia, límites y responsabilidad. Desde las políticas institucionales sobre IA hasta la experiencia de ToolBoard GPT, la clave no está en prohibir ni en delegar, sino en diseñar herramientas que refuercen la agencia, la creatividad y la capacidad de decidir de la persona.
El efecto Pigmalión nos recuerda que las expectativas influyen en lo que somos capaces de hacer. La inteligencia artificial, bien diseñada, puede reforzar la autoeficacia y la intención de actuar, especialmente en contextos de aprendizaje y emprendimiento.
La inteligencia artificial puede generar riesgos estructurales cuando se implementa sin diseño responsable, supervisión humana y criterios éticos claros. Los llamados cánceres de la IA incluyen sesgos algorítmicos, falta de explicabilidad, comportamientos no intencionados y mala generalización. Estos problemas surgen cuando la IA optimiza procesos sin comprender el contexto social y humano. La solución pasa por diseñar sistemas de IA responsables, con control humano, transparencia y foco en la creación de valor real.